miércoles, 28 de septiembre de 2016

Rusia supera a su mente

Irán 3-4 Rusia |La selección rusa se clasifica para su primera final mundialista después de cuatro semifinales y por fin rompe la barrera psicológica que le impedía ser el equipo a tener en cuenta. Aun así, Irán lo intentó hasta el último segundo y puso en peligro la victoria de su adversario en un partido igualado y emocionante que puso al fútbol sala en altos niveles de espectáculo.


Para serle sincero, amigo lector, esta crónica tuvo un alto componente emotivo para construirse. Ninguno de los dos semifinalistas habían alcanzado en su historia una final por el título mundial, por lo que sucediera lo que sucediera en el Coliseo Iván de Bedout tenía por decreto un lugar reservado en las retinas de los espectadores. Desde el plano deportivo significó una lucha de igual a igual entre dos potencias emergentes (¿o ya realidades?) en un deporte que exhibía un bicefalia entre España y Brasil. Un respiro. Un desahogo. Desde el plano de la emoción, rompió los esquemas porque en ninguno de sus 40 minutos estuvo claro el vencedor.

Todo comenzó con una inusitada igualdad. Pocos preveían que Irán, que llegaba a trompicones a la eliminatoria, aunque imponiéndose a todos sus rivales, mantendría el tipo ante la subcampeona europea, que había vencido a la que parecía inexpugnable España. Sin embargo, los persas todavía expresaron una resistencia que los hacía bastante atractivos en sus decisiones. Rusia, asumido su rol de dominador, quiso poner tierra de por medio y un aviso de Robinho con una vaselina deliciosa ya anticipaba la belleza de lo que vendría. A poco más de seis minutos del descanso, Lyskov conectó un disparo potentísimo con la derecha para inaugurar el marcador. Tres minutos más tarde, Esmaeilpour lanzaba una falta potentísima en la que evidenciaba los problemas de Gustavo para colocar una barrera humana. Se firmaba el empate a uno tras 20 minutos.

El ejercicio de la primera parte que ambos protagonizaron invitaba a creer en la esperanza de un mundo más diverso. Se palpaba en el ambiente un momento histórico, como el que en realidad era, pero a la alturo de las expectativas (incluso superándolas). Los autores de los goles, además, se encargaron de que esta semifinal también se grabara en las retinas de los aficionados por la belleza en sus anotaciones.


Al volver del intermedio parecía que nada había cambiado. Se mantenía la intensa y noble disputa, con un poco más de fiereza por parte de los de Skorovich. En 141 segundos Abramov continuó con la línea preciosista marcada en los golpeos y enganchó una volea desde el costado para adquirir, de nuevo, una ventaja mínima. Ningún conjunto parecía escupir fealdad en sus acciones. Ambos, de hecho, sumaron un palo más a sus estadísticas y empezaron a ponerse las manos sobre su rostro en claro síntoma de incredulidad. Demasiadas emociones.

Zadeh imponía otra vez el empate a falta de 11 minutos, aunque pocos segundos después Shayakhmetov instauraba el 2-3. A raíz de ese momento los rusos se vieron replegados y comenzaron a hacer algunas faltas, hasta alcanzar la quinta. En una acción dudosa, Robinho se jugó la sexta, pero los árbitros no soplaron sus silbatos. Algo parecía decir que aquello, por mucho que los rusos quisieran, no iba a acabar de esa manera. El partido no estaba para finiquitarse todavía, a pesar de que, a 42 segundos del final, Chishkala aprovechara la portería desguarnecida por el juego de cinco iraní y consiguiera el 2-4. Aun así, insisto, no estaba decidido. La celeridad y tranquilidad de los persas les hicieron conseguir un tanto más, obra de Javid, con 11 segundos por jugar. Las taquicardias lo veían posible, pero la posibilidad del empate se desvaneció y Rusia, por primera vez, llegaba al último partido del campeonato.

Fue una preciosa muestra de que el fútbol sala se expande y sigue siendo bello, pese a lo que digan. Los de Skorovich y los de Nazemalsharieh conocerán a sus rivales del duelo que enfrentará a Portugal y Argentina este miércoles. Esperemos sea otro plato de delicioso gusto.

Antonio Pulido

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