lunes, 12 de septiembre de 2016

La crónica | Australia y Brasil ganan con sopor

Grupo D | Australia y Brasil ganan con sopor

Australia inauguró el cuarto grupo mundial con una victoria ante Mozambique, que no dio el partido por perdido en ningún momento (2-3) y que acabó sucumbiendo a pesar de los errores australianos. Brasil es el primer líder gracias a su victoria ante Ucrania (1-3) con tintes oníricos: porque dio sueño.

Foto: FIFA
Sabíamos que el fútbol sala es divertido cuando acaecen muchos goles, cuando existen detalles de calidad o cuando hay un título en juego. En el Mozambique contra Australia también comprobamos que en el caos existe una especie de adicción que engancha (y mucho). Los africanos fueron el desorden puro y casi consiguen, en esa tarea, contaminar a los oceánicos con su competitividad. Brasil, por su parte, se colocó líder del encuadre después de superar a Ucrania por 1-3 a pesar de que los europeos se empeñaron en sacar algún puntaje hasta que desistieron en su lucha contra la pared.

Australia tiembla para batir a Mozambique

El partido que inaugurá el Grupo D fue una mezcla de incongruencia y sorpresivo ímpetu. En un primer momento, se podría pensar que Australia, mucho más acostumbrada a estas citas y a dominar, iba a imponerse fácilmente a Mozambique. Sin embargo, a pesar de que el marcador marcaba un 0-3 al descanso para los oceánicos, los africanos bien podrían haberse ido al intermedio con uno o dos (incluso tres) tantos en su repertorio. El inconveniente de los de Naymo Abdul es que su mejor arma y su principal debilidad es el mismo concepto: hiperactividad.

Los mozambiqueños competían a fuerza de rapidez y corazón, con un toque de balón que sin ser exquisito sí que originó alguna que otra triangulación peligrosa cuando el partido todavía estaba igualado. Sobre todo, un chut que desvió Konstantinou cuando Ricardinho (el 14, no confundir) recibió un magnífico pase de Carlao que no aprovechó. Las rarezas del juego (incluso no se pitó una mano clara del portero australiano fuera del área) parecía no atener a las reglas del deporte. Barrientos, de tiro cruzado; Cooper, tras una clásica jugada de pívot (Rosier) y continuación, y Giovenali, que puso el pie en el despeje desafortunado de Nelson (y después bailó) fueron los autores de los goles. Un espectáculo grotesco, pero emocionante.

En teoría, Australia podría relajarse sin riesgo en el segundo tiempo para mantener la victoria. Incluso les bastaba con que sus jugadores no se chocaran entre ellos mismos para que así fuera, aunque en la mente humana existe cierto sector propenso al masoquismo y al sufrimiento. Y Mozambique lo olió, aunque tardó en pegar el mordisco. No fue hasta el minuto 31 y medio cuando Calo, a la enésima oportunidad, superó a Konstantinou por primera vez en una acción en la que al arquero de nada le valió una perfecta cruz defensiva para detener el disparo contrario. No, en serio, sólo miró la bola.

Mozambique se vino arriba y a los seis minutos, sin nada que perder, jugó de cinco con mucha más ilusión que cabeza. Y la ilusión mueve montañas. El capitán Dino ayudó a recortar distancias para que su equipo buscara el empate en los últimos seis minutos. A raíz de aquí, se sucedieron sucesivamente dos acciones: Fogarty rematando a puerta vacía sin acierto y circulaciones caóticas africanas que sí hallaban disparos certeros. Lastimosamente, como dirían en Gol Caracol (la tele colombiana), ni unos ni otros lograron embocar y Australia se quedó con el miedo en el cuerpo, aunque con el culo salvado.

Brasil venció en el insomnio

Antes de iniciar el partido ya se evidenciaba que a Brasil le importan mucho los números. Falcão se estrenaba en su quinto Mundial como titular y igualaba a Manoel Tobías como el jugador con más partidos disputados en el torneo (31). Duraría sólo tres segundos en cancha para confirmar la acción de postureo preestablecida. Embutidos en la competición, Ucrania protagonizó dos acciones que anticipaban una primera parte "movidita". Era un espejismo. Enseguida Brasil añadió velocidad a sus transiciones ofensivas en uno de esos mensajes intrínsecos que se envían al rival para transmitirle: "Cuidado, esto se decide cuando nosotros queramos". O cuando saliera Rodrigo, que en una falta lejana de disparo raso sonrojó a Ivaniak, que vio entrar la pelota entre sus piernas.

Ese gol le dio tranquilidad a la pentacampeona, que siguió creando ocasiones con un activo Batería, que dio un larguero, y un fallón Fernandinho, que dio otro larguero, aunque con la portería sin oposición. Segundos después, en un saque de banda cerca de la meta ucraniana, le sirvieron un buen pase a Falcão y este remató hacia dentro para quedarse a tan sólo cuatro goles del máximo artillero de la Copa del Mundo: Manoel Tobías (otra vez), con 43. Con esta desventaja, Ucrania suele esfumarse, presa de un complejo de inferioridad del que no sabe reponerse. Es como si se deprimiera. Por lo que Brasil, olfateando ese miedo, no exprimía la máquina al máximo y le bastaba con controlar algunos aspectos del juego para llevarse el 0-2 al descanso.

Tras el intermedio podríamos resumir el resto de esta crónica con un: incomparecencia de Brasil y, aun así, le da para meter un gol y conseguir los tres puntos. Y no pasaría absolutamente nada por ser buen reflejo de la realidad. Ucrania se arrimó más en la segunda mitad, pero la intención no bastó para nivelar el encuentro, aunque sí para rascar un gol en las botas de Mykola Grytsyna. Parecía que el choque podría animarse con mayor estrechez en el resultado, pero de nuevo jugaron con las ilusiones del espectador.

Brasil durmió de una manera tan descarada el choque que todavía está en cuestión si esto les hace más favoritos o es un signo de debilidad. Servidor tiene sus reticencias. Otro gol de Rodrigo, para seguir con la jornada vintage, le bastó para añadir más ventaja en el marcador y ser líderes del Grupo D con más descanso que juego.

Antonio Pulido
Twitter: @Ninozurich

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