jueves, 22 de septiembre de 2016

España escapa del hurto

La selección de José Venancio López se clasifica para los cuartos de final del Mundial de Colombia tras superar a una correosa Kazajstán en un partido en el que tuvo que sobreponerse, primero, al equipo de Cacau -con una excelente segunda parte- y, segundo, a la pareja arbitral, quien ejecutó decisiones de dudoso acierto (5-2). El adversario, tras un final de encuentro frenético, será la Rusia de Skorovich por un puesto en la semifinal. Otro viejo conocido de la Eurocopa de Serbia.


En toda cabeza estaba la previsión de un partido exigente en el terreno mental y físico por parte de la selección española, si es que quería pasar de ronda en este Mundial. Kazajstán, ya con Higuita en sus filas -al contrario de lo que sucedió en la Eurocopa de Serbia-, llegaba a los octavos de final en apariencia con unos mimbres más sólidos que meses atrás. Sin embargo, ningún especialista anotó en sus apuntes que la pareja arbitral formada por el iraní Vahid Arzpeyma y el australiano Chris Colley también tendría su relevancia en lo que sucedería en la cancha. Una actuación desafortunada a ojos de cualquier persona que sepa formar la letra O con un canuto. Incluso con esos factores externos insospechados supo La Roja de las dos estrellas sobreponerse y evacuar arena para salir a la superficie. Esa unión y el éxito con la defensa en inferioridad estimulan anímicamente a un grupo que necesitaba calibrar que sus testículos son más grandes que los del resto.

Aunque un preámbulo del sufrimiento que vendría después se personó en forma de lesión. Aicardo, en un desborde por banda derecha, fue cazado por un kazajo a los 30 segundos del pitido inicial, lo que precipitó su salida del terreno de juego para el resto del partido. No lo disputó tampoco José Ruiz, horas antes descartado para el torneo por una rotura fibrilar en el gemelo. Dos cierres menos en un encuentro con exigencia máxima en defensa. Durante los primeros minutos, sin embargo, no los pareció necesitar. España circulaba sin problemática alguna y hasta halló gol en una falta lejana lanzada por Sergio Lozano. No se había llegado al tercer minuto y el primer contacto, al menos, era fiable. Pero Higuita salió de la cueva. En la primera tentativa, el disparo fue rechazado. En la segunda, el rechazo cayó en los pies de Yessenamanov, quien empató. Partido nuevo.

Curiosamente, fue a partir de ese momento cuando el combinado español evidenció más dudas, sobre todo en campo propio, e hizo crecer al plantel de Cacau. La estrategia de Venancio, muy arriesgada, difirió de la utilizada en el Europeo. En Colombia, un hombre presionaría con celeridad a Higuita antes de que cruzara el medio campo para así reducir el tiempo de decisión del arquero, que tampoco encontró excesivas dificultades. En esa tarea, el kazajobrasileño consiguió conectar un par de veces con un compañero caído en banda, quien devolvía rápidamente hacia el otro costado y conseguía superioridad con facilidad. En una de ellas, se estamparon contra el palo y asustaron a Paco Sedano. En otra variante de la estrategia kazaja, Higuita se encargaba de tirar y tirar, como si el propio portero se levantara de la cama cada mañana chutando a puerta. Era un partido que no satisfaría a los espectadores, pero era un partido que se habría de ganar (fuera como fuera). Faltaban uñas.

Mucho disparo exterior por parte de ambos conjuntos ante la imposibilidad de profundizar sin asumir riesgos. Quizá en el uno contra uno fue cuando la escuadra hispana dañaría con mayor ahínco a su oponente, aunque sin suerte. Se avecinaba una noche (madrugada) de tensión y nervios. De competitividad.


Al descanso se llegó con empate a un tanto y la incomodidad era palpable en los rostros de los jugadores. A la vuelta del intermedio se activó el botón de personalidad española y la fluidez comenzó a brotar, quizá los mejores momentos de la bicampeona mundial en toda la competición, que también coincidieron con los mejores minutos de Rivillos en dicha cita. Un desborde del torrejonero permitió abrirse hueco y encontrar hueco en el área rival, donde esperaba Bebe para hacer botar a todos los españoles y adelantarse, de nuevo, en el marcador. El propio Rivillos siguió rasgando el costado y sumando faltas en el casillero. Con más calma y tranquilidad, España ejerció un control profundo y continuado. El plan parecía establecido y bien elaborado. Kazajstán no se mostraba tan feroz y hasta se dedujo que no vivían en la comodidad.

Era una falsa sensación. Los de Cacau tienen tan automatizados los movimientos que incluso en la calma son capaces de morder. Un desajuste permitió a Nurgozhin culminar una buena triangulación y nivelar el marcador. De nuevo el mundo a los suelos. Por ocho segundos, lo que tardó el propio Nurgozhin en introducir su balón en la portería, salvo por el matiz de que era la propia. El fallo estuvo estimulado por otro servicio de Rivillos y España, un poco más aliviada, respiraba al estar en la cabeza del marcador.

Se venían entonces unos momentos crispados y tirantes. Kazajstán debía apretar y las faltas le apretaban a ellos. Con tanta opresión, los arbitros explotaron, y encontraron su válvula de escape en hacer el partido suyo, para que no se les escapara. Lo enredaron aun más. Faltas livianas que fueron sancionadas y la guinda, un contragolpe llevado por España que acabó con tanto tranquilizador de Raúl Campos. No obstante, aún quedaba mucho tiempo y los colegiados, en contreto el iraní, decidió que aquello no podía sentenciarse tan rápido y se sacó, como si fuera un mago, un as de la manga: "Nada por aquí. Nada por allá. ¡Pues falta!". Nadie entendía tal señalización, si acaso un bloqueo de Bebe cuando la bola ya estaba lejos de aquella zona. Se mantenía el 3-2, aturdido por un ambiente que invitaba a pensar en el hurto.


Minutos más tarde, esa invitación se convirtió en un hecho irrefutable. Una acción por banda de Sergio Lozano acabó con el madrileño tumbado en el suelo, con cara de dolor, tras una entrada del defensor. Se tocaba la rodilla con vehemencia, en claro gesto de que algo no andaba bien, y a los aficionados se les venía a la mente la lesión que le dejó fuera de la Eurocopa, producida en Torrejón de Ardoz. Alarmas encendidas. Para sorpesa de todos, el árbitro vio oportuno sancionar ese suceso como una simulación y mostrarle la segunda tarjeta amarilla, ergo, expulsión. Por hacerse daño. Inexplicable.

A España le tocaba defenderse con uñas y dientes en inferioridad frente al equipo que mejor ejecuta el juego en superioridad: una gesta que marcaría, para bien o para mal, el devenir del encuentro. Salió cara y ello provocó una estimulación extra para los de Venancio, que aguantaron con intensidad sus marcas e incluso anotaron dos tantos a puerta vacía (Raúl Campos y Miguelín). Esa agonía desapareció inmediatamente y, tras finalizar el partido, sirvió para saborear el triunfo por varios motivos: supervivencia y unión. Saldo positivo después de las dificultades acaecidas. Quizá un sorbo de mejor gusto.

De esta forma, España se enfrentará a Rusia en los cuartos de final del Mundial de Colombia en lo que promete ser una reedición de la reciente final por el campeonato europeo. Esta vez, los de Skorovich se muestran mucho más compactos y confiados en sus posibilidades. Un encuentro con otro grado de exigencia y en el que la nota más negativa será el alcance de las lesiones de los damnificados. Otro partido de infarto. Kazajstán mostró, aun así, un nivel competitivo tan alto que le hace candidata a mayores cotas en próximos campeonatos. Pero todavía les queda un trecho, el que les separa de ser un equipo campeón.

Antonio Pulido
Fotos: FIFA

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